Mauricio Kartun, el regreso del maestro

El 29 de enero vuelve a la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, La vis cómica, la creación más reciente del dramaturgo y director. Una buena excusa para repasar algunas definiciones suyas sobre el teatro y la vida.
  • Por Sandra Commisso  Foto: Gentileza Clarín.

El Hombre, depredador de la Naturaleza.
Siempre pensé que lo el hombre le hace a la Tierra se lo hace a sí mismo. Si somos de los que creemos en el dios naturaleza, también podemos pensar que aquello que le hacemos a la naturaleza también se lo hacemos a dios. Hay algo tremendo de lo que ha hecho el hombre con el mundo en el último siglo, de una impiedad incomparable a cualquier otra impiedad del humano con el humano. Es un acto muy egoísta porque se está dañando el hábitat y con eso hipotecando la vida de los que vienen. Algo más dramático aún por lo irreversible».

El teatro y su poder poético.
«Yo creo apasionadamente en el atributo poético del texto teatral. Después de 2300 años se perdió porque tenía que parecerse al hermano exitoso que era el cine. Al teatro le apareció un hermano, el cine que haciendo realismo le iba muy bien y después, otro hermanito, la tele que además, era realista y también costumbrista. Así, el teatro fue perdiendo su atributo poético porque parecía anacrónico. Pero siempre creí que es de un poder notable la palabra y la música que encierra. Y lo que pueden hacer las palabras en el cuerpo del actor. Lo que sucede es que cierta zona inevitable de grosería que tienen todas mis obras buscan, de alguna manera, compensar la hipótesis edulcorada que puede crear el texto poético. Entonces jodo un poco con eso e ironizo. Lo poético y lo vulgar que todos tenemos se pueden superponer pero no se eliminan mutuamente, conviven».

La belleza de las palabra y su poder musical.
«Escribo y corrijo con el oído. Continuamente necesito sonar con lo que estoy escribiendo. Tanto es así que lo primero que hago cuando termino una carilla es leerla en voz alta, proferirla para que se transforme en sonido. Y para corregir, aún cuando tengo que cambiar una palabra por repetida o por lo que fuese, no puedo hacerlo hasta no meterlo en la misma métiica que tenía el anterior. Trabajo con un concepto musical pedestre, simplemente el oído de un escucha. No tengo ningún tipo de formación pero me tiene que sonar.
La dramaturgia toma un material que es absolutamente degradado de todo valor que es la palabra coloquial: dos personas hablan y diez segundos después eso desapareció, no hay ningún registro y ninguno de ellos recordará las palabras que usó. Recordará qué dijo pero no cómo lo dijo. El teatro es un reciclado de esta materia vulgar, este descarte, este deshecho, transformándolo en materia preciosa gracias al fenómeno de la poesía que se hace no solo de tropos y figuras sino también de música, de ritmos. En principio hay que encontrar la belleza en eso vulgar y luego procesarlo en busca del atributo de belleza total que sería un buen texto».

El dolor y la revelación
«El trabajo actoral de Terrenal, lo parimos, en el sentido figurado y literal. Fue muy cargado de dolor y de espera. Probamos muchas cosas y no salían. nos planteamos parar a ver si aparecía algo y nos iluminaba. Y como pasa siempre, cuando te tranquilizás, las cosas llegan solas. Cuando lo encontramos fue casi una revelación automática, como de epifanía. Los actores lo soportaron por amor al proyecto y al amor que me tienen. Hubo momentos en que estábamos todos perdidos, sin brújula. Heiner Müller dijo una vez: los directores teatrales hacen algo realmente bueno cuando hacen algo que no saben. Yo creo en eso, en meterse a hacer la que uno no sabe porque te obliga a encontrar resoluciones originales. Cuando uno va a lo que no conoce, no hay más remedio que aceptar eso y entonces debe encontrar herramientas para hacer algo que nunca ha hecho. Eso tiene un marco de angustia tremenda pero cuando encontrás la solucón, inevitablemente es original. El oficio sirve para trabajar en ciertas condiciones: en la industria, en el teatro comercial u oficial pero con el otro teatro, uno tiene que ir a los primeros ensayos dispuesto a perderse. Es ahí, perdiéndose para tratar de descubrir algo desconocido en donde se encuentra algo».

Los celos y la apofemia
«Paul Auster dice que la literatura, el arte se hace por rimas. Son encuentros, son coincidencias. Creo mucho en eso, en ir encontrando cosas. Hay una palabra un poco fea, apofenia pero interesante: es la capacidad de construcción de sentido a partir de coincidencias. Es lo que pone en práctica cualquier paranoico o celoso: a partir de un par de coincidencias se construye toda una película en su cabeza. Es una capacidad de construir que tenemos todo y usamos mucho pero que, además, los artistas la transformamos en herramienta cotidiana. Siempre estamos buscando esas coincidencias y entonces cuando aparecen, uno tiene la sensación de que dicen algo. Si rima es parte de este mundo. Entonces, arrimo y construyo el rompecabezas. En el arte es un mecanismo habitual que se hace más consciente. en el arte hay mucho de las coincidencias».

La angustia y el arte de comprar y vender
«La decisión de dejar lo que hacía para dedicarme sólo al teatro la tomé en un momento peliagudo, con hijos chicos. Pero vi el hueco y me tiré, estaba esperando que apareciera el hueco y no aparecía hasta que de pronto, aparecieron algunas coincidencias, un par de cursos que empezaban a funcionar, algunos que querían estudiar conmigo, la posibilidad de dar clases en instituciones. Aclaró el día, me subí al coche y arranqué el viaje. Creo que fue la decisión afortunada, me hizo feliz y me sigue haciendo feliz. Pero la padecí en angustia. Lo pienso mucho; mi viejo, que era comerciante, a mi hermano y a mí nos enseñó a comprar y vender y eso es algo que podés aplicar en cualquier lado. Por lo tanto, nunca tuve desesperaciones económicas porque siempre tuve la posibilidad de comprar y vender algo. Y cuando decidí vivir del teatro no quemé las naves. Si hubiera necesitado agarrar una valija y salir a vender algo, lo hubiera hecho. Cuando uno hace algo de manera natural y espontánea, no angustia. Lo que me angustiaba en ese momento era alejarme del deseo. Y el deseo era escribir. Hace mucho leí el prólogo de Haroldo Conti a su novela Mascaró y decía que estaba en esos momentos entre novela y novela en que se siente que nunca más se te va a ocurrir algo para seguir trabajando. Pero que finalmente apareció. Cuando lo leí, sentí alivio. Es así para todos. Tengo muchos proyectos: empiezo uno, no camina y empiezo otro. Pero ese estado de incertidumbre está siempre. Ahora empiezan a atacarme los fantasmas con lo nuevo. Por ahora coqueteo con la angustia, no hago pareja formal pero cuando agarre algunos de los proyectos será mi compañera inseparable».

Buenos Aires: semillero y parque temático
«Creo que perdemos de vista la monstruosidad del teatro porteño. Y eso es así, porque lo tenemos a mano, nos parece natural. Se naturalizó el hecho de que en la ciudad se estrenen más obras que en cualquier otra ciudad del mundo, que haya más estudiantes de teatro que en cualquier otra ciudad, que se haga un teatro de calidad hecho por gente muy joven. Lo veo en mis clases. Antes, a los 18 solo se pensaba en el narcisismo, ahora se piensa en dirigir. Hay algo de semillero que es apasionante. Que no todo es bueno, lógico. Que hay mucho proceso fallido, también. Pero justamente en ese proceso de prueba y error continuo es donde están apareciendo estos nuevos talentos. que a veces la embocan y otras no, porque aceptan el ir y venir y aceptan que es así, y no dejan de hacer teatro por eso. Porque siguen buscando la vuelta para trabajar en un circuito lleno, saturado. Siempre pienso en lo positivo. Está el mito de que hay sólo publico maduro para el teatro y creo que no. Que la base del público teatral se levantó en nuestro país gracias a las colectividades: la española, la italiana y la judía que fueron las tres fuerzas teatrales poderosas porque lo tenían como costumbre cultural. Al barrio que vayas encontrás una sala. Buenos Aires es como una gran parque temático de teatro. Es como un potrero con mucha gente jugando por amor al arte y de entre ellos saldrán los artsitas. Un artista no se hace en una obra, necesita mucho traspié para hacerse de un oficio. Estas salas pequeñas aprovechan lo mejor del teatro que, con una economía poética de recursos puede crear».

Lo que se cocina
«A mí me gusta ver ensayos más que obras, pispear por la cocina mientras todo está por hacerse».

El cuerpo y el evangelizador
«Disfruto mucho de dar clases y no le saco el cuerpo a la jeringa, donde puedo dar dramaturgia, soy como una especie de pastor evangelizador, allá voy.
El teatro está muy atado al cuerpo humano, es el cuerpo que está ahí sobre el escenario y más aún mis obras, que no tienen fácil reemplazo. Cada personaje está cincelado sobre ese cuerpo de un determinado actor».