Sebastián Blutrach: «Llegaremos a cierta normalización en las vacaciones de invierno»

El productor y dueño del Teatro Picadero hace un análisis de la actividad teatral, a tres meses de la reapertura de las salas. El aforo del 50%, convencer al público y lo que quedará del streaming.

Por Diego Jemio. Fotos: Gentileza Prensa.

La actividad teatral, a poco más de tres meses de la apertura de las salas. El crecimiento del aforo al 50%. El registro audiovisual, el streaming y las otras formas híbridas, que surgieron a partir de la pandemia. La recaudación escasa, pero el inicio del camino de la recuperación. El productor Sebastián Blutrach, dueño del Teatro Picadero y a cargo de la programación artística del Teatro Nacional Cervantes, analiza algunos de esos puntos y el pulso teatral de la ciudad.

Hace pocos días, se cumplieron tres meses de la reapertura del teatro. ¿Qué balance hacés de este regreso?

Es difícil hacer un balance porque sabíamos que la apertura era simbólica. Y, finalmente, terminó siendo así. Es bueno que se vaya acercando gente. En este tiempo, hay algo que quedó claro: los teatros son espacios seguros. La gente que viene, vuelve. Tenemos que conseguir que vengan los que tienen temores. Es una tarea lenta, que se complementará con la caída de casos y con la vacunación. A medida que abran el aforo y pase eso, llegarán propuestas más atractivas y se generará un círculo virtuoso para que venga más gente. Por supuesto, todo estará atado a la situación sanitaria.

Hiciste referencia a la cuestión del aforo, que pasó del 30% al 50%. ¿Significa un respiro para ustedes o es algo simbólico?

Sigue siendo simbólico. Es un respiro para los artistas que trabajan. Para las salas, la recaudación es tan escasa -junto a los costos generados por abrir- que termina compensando. Pero también es cierto que, en algún momento, teníamos que transitar estos meses. Mejor hacerlo cuanto antes.

¿La actividad fue creciendo gradualmente en público? Mucha de la gente que va a las salas comerciales es población de riesgo…

Ese miedo a la vida social se da quizás más en gente cerca a los 60 años. El público teatrero, que tiene un poder adquisitivo, es quizás más fuerte que en los jóvenes. Incluso en el teatro independiente hay un público de más de 55 años en un porcentaje importante.

¿Qué veremos en los próximos meses? ¿De qué forma cambiará la cartelera con el aforo un poco más amplio?

Hay un ejemplo muy claro con lo que pasó en el verano. En Carlos Paz, el aforo fue del 50% y tuvo una temporada. Mientras que en Mar del Plata fue del 30% y practicamente no la hubo. A medida que el aforo se instale, llegarán las propuesta más fuertes. Llegaremos a cierta normalización en las vacaciones de invierno. En esa época, siempre con distancia, la limitación del aforo puede llegar al 60% o 70%.

«Jauría», una de las obras que puede verse en El Picadero.

¿Pensás que habrá una continuidad del streaming y otras formas híbridas que surgieron en pandemia? ¿O fue sólo un paliativo hasta el regreso del teatro presencial?

Hay dos cosas con eso. Por un lado, quedó en evidencia lo mal que registrábamos nuestras obras. Debemos hacerlo mejor y no es algo tan costoso; es cuestión de ponerle cabeza y dar con las personas indicadas. Así quedará un mejor registro de nuestros trabajos. El streaming fue una alternativa de facturación escasa, pero alternativa al fin. Cuando salimos de la cuarentena estricta y reabrieron los restaurantes, la situación cambió abruptamente. Cayeron las ventas digitales, que pasaron a ser de nicho para la gente que no está en la ciudad o que no puede llegar a las salas. No deja de ser algo marginal. En el Cervantes, fue una forma de federalizar los contenidos y quisimos filmar teatro, con diferentes cámaras.

Todos tenemos naturalizado el barbijo. ¿Qué pensás que se pierde adentro de una sala al vernos obligados a usarlo?

Llevamos casi un año y, a veces, nos sigue pareciendo una locura usarlo al salir a la calle. A nadie le gusta. En el teatro, se pierde un instrumento de comunicación fundamental: la sonrisa. Los actores no pueden ver la expresión del público. Y la gente no puede manifestarse abiertamente. Es una época en la que elegimos lo menos malo. En el Teatro Picadero, lo veo en la terraza, que habilitamos para recitales. Ahí, sin barbijo, todo fluye de otra manera. Ojalá llegue esa situación a los teatros más temprano que tarde.