Mauricio Dayub: «El teatro en cuarentena no existe, es una falacia»

El actor y ganador del ACE de Oro por «El Equilibrista» cuenta cómo vive los días de confinamiento. Su mirada crítica sobre las experiencias online que proliferan en pandemia.

Por Muriel Mahdjoubian Rébori. Fotos: Gentileza Clarín y Prensa El Equilibrista.

“Cuando se habiliten las funciones del teatro, saldré corriendo a poner El Equilibrista al grito de: ¡Se haceeee!” cuenta el actor Mauricio Dayub, artista de pura cepa que supo hacerse su propio camino en el teatro, cine y televisión. No solo ha pisado las grandes salas de la calle Corrientes sino también los escenarios del off.

Con una larga trayectoria, Dayub llevó a la escena porteña su exitosa y multipremiada obra El equilibrista, el unipersonal que ideó en base a su propia historia familiar, la de su abuelo italiano que obtuvo el ACE de Oro y la máxima distinción del Estrella de mar en Mar del Plata. “Entraremos al teatro y volveremos a ser completamente felices de nuevo”, asegura el actor de memorables piezas teatrales como el Amateur, de su autoría, la exitosa Toc toc, y 4 jinetes apocalípticos, entre otras.

Las sociedades han pasado por grandes catástrofes. ¿Crees que algo se modificará?

Me resulta difícil hacer un diagnóstico futuro, pero intentando una síntesis podría aventurar que, en los momentos límites, suele darse una máxima: los buenos se hacen más buenos, más comprensibles. Y los malos, más malos, más inflexibles. Probablemente ocurra algo de esto.

¿Hay algún beneficio que se pueda obtener de todo esto?

Los que no tenían recursos económicos previos a la cuarentena, no podrán advertir ningún beneficio. Para el resto, el beneficio ya está a la vista: la recuperación del tiempo personal. Vivíamos en una sociedad injusta, en la que los que lograban trabajar lo tenían que hacer sin parar, con pocas posibilidades de búsqueda y sin el disfrute necesario. Y los que no, no tenían manera de incorporarse al sistema laboral.

¿El arte puede ayudar en este momento? Y si es así, ¿cómo puede hacerlo?

El arte siempre representa una ayuda. Para los que lo llevamos a cabo «siempre» porque implica un trabajo alrededor de uno mismo. Y para los que lo reciben “casi siempre”, porque el arte puede entretener, divertir, emocionar, esclarecer y ayudar a tomar decisiones en el mejor de los casos. El “cómo” hacerlo no tiene límites; el tema es no confundirse. En el caso del teatro, específicamente, no es tal si no lo podemos hacer en vivo, compartiendo el mismo espacio con él público. O sea, el teatro en cuarentena no existe, es una falacia. Pero pueden surgir otro tipo de experiencias, a las que se les deberá encontrar su nombre.

Tres consejos o algunas estrategias que puedas brindar a los artistas en estos tiempos de cuarentena.

No llega a ser un consejo. Sólo comparto lo que estoy haciendo yo en este momento atípico e inesperado: recordar, revisar, rever lo que tenía, lo que había hecho, lo que deseaba… Para acortar la brecha, que seguramente todos tenemos, entre lo que nos proponemos ser -o hacer- y lo que logramos. Cuanto más trabajemos sobre nosotros, más claro tendremos el objetivo y más cercana estará la posibilidad de alcanzarlo.

«El Equilibrista», su último espectáculo.

Para que haya teatro tiene que haber reunión y cuerpo presente ¿Qué cree de esta nueva modalidad de ver teatro online?

Entiendo que en este momento cada uno tiene que sobrevivir cómo pueda. Los que hacemos teatro y los que lo comparten. Solo puedo estar en contra de la mala calidad de lo que se ofrezca o de las imágenes que se emitan porque cuando el teatro aburre o decepciona nos juega en contra a todos. Teatrix, que no es lo mismo que decir teatro, es otra cosa; en ese sentido es una buena opción, sino creemos que es lo mismo que ir al teatro. Pero logró amigarme un poco con la idea de filmar el teatro. Para ser visto como registro de lo que el teatro no deja porque se desvanece cuando termina cada función. Valoro que un joven de hoy pueda ver a través de una plataforma quién fue Alfredo Alcón, aunque no lo vea tal cual era en vivo. Yo querría ver el Cyrano de Bergerac de Ernesto Bianco, que no ví. He visto Mein Kampf, en estos días, con el registro del Complejo Teatral de Buenos Aires y resiste. Pero es verdad que depende de la propia fuerza de los proyectos. Mein Kampf ya la tenía. Una obra con desaciertos estructurales en vivo corre riesgos de resentirse mucho más en el formato online.

El teatro siempre busca camino. ¿Cómo vislumbras el regreso a los escenarios? ¿Qué imaginas que podrías sentir el día que hagas una función con publico nuevamente?

A ese día lo espero de todo corazón. Anhelo que llegue y será conmovedor para todos los que compartamos esas funciones. Como el reencuentro de un amor entre dos, a los que han alejado, distanciado. Ojalá llegue pronto. Será muy emocionante. Cuando el presidente habilite las funciones de teatro, saldré corriendo a poner El Equilibrista sobre el escenario. Lo sabe mi equipo. Al grito de: ¡Se haceeee! Entraremos al teatro y volveremos a ser completamente felices de nuevo.

¿Qué crees que sería importante como aporte para la recuperación del ámbito teatral?

Aadet y Artei ya tienen los protocolos, confeccionados por sus integrantes, y aportados al equipo de salud del gobierno. Todo dependerá de la efectividad, a nivel contagio, de los primeros encuentros para que nosotros y nuestro público volvamos a tomar confianza en todas las actividades que fueron suspendidas por la cuarentena. Así nos animaremos, por comprobación práctica, a retomar la vida habitual.

¿Con quién le hubiera gustado tomar un vino del mundo del teatro de todos los tiempos y por qué?

Podría decirte que me tomaría un vino con Peter Brook o con Kantor, pero preferiría volver a hacerlo ahora, que ha pasado el tiempo, con cada uno de los que acompañaron mis proyectos. Sería con la idea de repasar entre brindis y brindis lo aprendido con aciertos y con errores porque en eso consiste lo más importante de nuestro trabajo y de nuestra vida en la formación. Porque cuando crecemos o llegamos a hacer espectáculos premiados, elogiados por el público y la crítica, no somos otros; somos los mismos, que al comienzo. Me va a faltar espacio para los nombres, pero pongo algunos ejemplos. Me volvería a tomar un vino con Villanueva Cosse, con Francisco Javier, con Mauricio Kartún, con Luis Romero, con Graciela Galán, con Jaime Roos, con Chango Spaziuk, con Marcos López, con César Brie y con los actores con los que compartí el escenario de todas mis obras.