Mariano Stolkiner. Ricardo III, la tiranía y el deseo de volver a los escenarios

El director de la obra «El año de Ricardo» cuenta cómo fue un proceso creativo que arrancó en 2016, se truncó por la pandemia y, finalmente, estrena el mes próximo. La dificultad de las salas independientes.

Por Mariano Stolkiner. Fotos: Gentileza Prensa.

Empezamos a trabajar con esta obra en 2016. A lo largo del tiempo y durante el proceso de ensayos, pasamos por diferentes hipótesis de búsqueda. El maravilloso texto de Angélica Liddell lo amerita. Fuimos y volvimos las veces que fueron necesarias, posibilidad que sólo ofrece la creación independiente.

Avanzamos hasta dar con nuestro dispositivo escénico: una puesta que combina actuación, canto y video, siempre poniendo lo mejor de nosotrxs por estar a la altura que la prosa de Liddell ofrece. Lo que no imaginábamos fue que, cuando por fin pudimos poner frente a nosotrxs la fecha del estreno, en este caso programado para abril de 2020, una pandemia nos iba a arrebatar la posibilidad de concretarlo.

Así fue que, con un trabajo ensayado por años y una producción en gran medida ya ejecutada, nos quedamos en la puerta de poder concretar el momento que terminaría de darle sentido a todo ese trabajo, el del encuentro con el público. En la obra, Liddell toma la figura del Ricardo III de Shakespeare y lo trae a una forma de tiranía contemporánea, que esconde sus verdaderos propósitos detrás del sistema democrático.

Sin embargo, hay una tiranía a la que no le escapa ningún mortal: la muerte y la enfermedad. Parecía una burla del destino que esa tiranía se parara frente a nosotrxs en el momento en el que estábamos a punto llegar a la meta con tanto trabajo dedicado. Tuvimos que parar, aceptar la muerte que se posaba frente a nosotrxs y esperar. Lo hicimos con decepción y con ansias de volver.

Por eso, ni bien se abrió la posibilidad del retorno a los ensayos, aunque no había una perspectiva clara de para cuando se podría, finalmente, presentar el trabajo, decidimos volver a la sala. La obra siguió creciendo, aunque está claro que después de varios meses de estar parados, hubo que dedicar tiempo a recuperar cosas que se habían perdido.

Sin embargo, la misma obstinación que tiene el personaje de Ricardo en su lucha por llegar al poder del cual fue desplazado, la utilizamos positivamente en la dirección deseada, estrenar algún día. En ese camino fue que nos enteramos, prácticamente de un momento al otro, que se había aprobado el protocolo para la vuelta del público a las salas.

Como si no hubiéramos tenido suficiente, ahora, si queríamos estrenar, deberíamos ocuparnos de cuestiones completamente ajenas a nuestra actividad, como burocracia habilitatoria para poner el espacio en condiciones según las nuevas restricciones que traía consigo este protocolo.

Lo hicimos. Será para un público muy reducido, apenas 16 espectadores por función. También la cantidad de funciones, los derechos de esta obra los tenemos otorgados hasta fin del 2020, así que se fueron prácticamente enteros sin poder presentarla. Este 2020, el año fatal, parece una humorada del destino, El año de Ricardo.

Escena de la obra «El año de Ricardo».

De todas maneras, sabemos de la enorme dificultad económica y estructural que tiene la gran mayoría de las salas independientes para poder abrir sus puertas. Así que en ese sentido, aunque después de todo lo relatado pareciera una ironía, en algún punto nos sentimos privilegiadxs. Es cierto que es un trabajo creado y producido por el equipo de nuestro teatro y eso facilita la posibilidad de presentarlo, incluso ante tan desfavorables circunstancias. Ayuda también la obstinación, a la que le dedica su libro autobiográfico Herman Hesse y me ha servido como herramienta en momentos de gran adversidad.

Es cierto que no hay propósito económico, si lo pensamos desde esa perspectiva. Además de todo el dinero que ya llevamos invertido, con estas funciones lo único que lograremos será seguir poniendo aún más. Pero como en esto no nos parecemos a Ricardo y aunque el mundo hoy se rija en torno a lo fundamental que supone el movimiento del capital, sentimos que, aunque al final la muerte, como le gana a Ricardo, también nos ha de ganar a nosotrxs. Vale la pena sentirse vivxs, más no sea por un rato.

Ricardo vivirá en cada una de esas funciones y morirá con cada final, pero mientras podamos, nuestra gesta, tan deseada y esencial como el arte presencial, estará ahí para darle sentido a nuestra existencia y, en este caso, a la palabra que se eleva para alcanzar sus puntos más altos en la prosodia que Liddell propone en esta obra fundamental.

La obra El año de Ricardo tendrá funciones los días 3, 5, 10, 12, 17 y 19 de diciembre, a las 20, en el teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3380). Las entradas están disponibles www.alternativateatral.com.