Mariano Stolkiner: «El teatro que yo hago es combativo»

El actor, director y dramaturgo hizo frente a la pandemia con «Zoraida. La reina del Abasto» y «El año de Ricardo». Las dificultades de gestionar una sala y la influencia de Camus en su forma de ver el mundo.

Por Muriel Mahdjoubian Rébori. Fotos: IG Mariano Stolkiner y Prensa.

Mariano Stolkiner es director, docente, actor, dramaturgo y dueño de El Extranjero, una de las salas más reconocidas del circuito off. “Yo soy muy inquieto y batallador. Me cuesta parar y el teatro que yo hago es combativo porque busca todo el tiempo poner en discusión algunas cuestiones que están presentes en nuestro cotidiano para poder intentar ser mejores”, cuenta el director de Cleansed, Amor de Fedra, Bajo el bosque de leche y Biolenta, entre otras piezas teatrales.

Stolkiner, como tantos otros guerreros del teatro, hizo frente a la pandemia con una propuesta al aire libre, con la obra, Zoraida. La reina del Abasto, la historia de una inmigrante colombiana que tiene como escenario las calles del Abasto.  Además de haber estrenado cuando el teatro fue habilitado con una apertura intermitente El año de Ricardo, basada en Ricardo III de William Shakespeare, de  la autora Angélica Liddell.

Ahora, con las nuevas medidas y aperturas de las salas, la cartelera del teatro El Extranjero tiene una gran variedad de obras para poder disfrutar, entre ellas El amor es una mierda de Cecilia Meijide, Lo que quieren las guachas de Mariana Cumbi Bustinza, Zoraida. La Reina del Abasto Capítulo 1, de Mariano Stolkiner y El Montaplatos de Harold Pinter (https://teatroelextranjero.com/cartelera).

«Bajo el bosque de leche», una de las obras que dirigió Mariano Stolkiner.

¿Cómo atravesaron este momento?

Hablás en pasado y me ilusiona pensar que en algún momento va a ser un recuerdo. La realidad es que estamos atravesándolo todavía con muchas dificultades. Los últimos años para el teatro en general habían sido muy complicados pero el 2020 había arrancado bastante esperanzador y optimista. Se veía una reactivación de la llegada del público a las salas que ilusionaba volver a una estabilidad que el teatro tuvo durante algunos años, pero finalmente vino el golpazo. De entrada, creímos que iba a ser algo corto, pero después duró mucho más de lo que pensábamos. No nos quedó otra que reinventarnos y buscar la manera de sostener el teatro y a la gente que trabaja en él. Fue difícil. Cuando comenzó la cuarentena obligatoria tuve la necesidad de expresar que mantengamos el vínculo si hoy no lo podemos hacer presencial busquemos la manera que se mantenga a través de la virtualidad, pero que esté.  Enseguida subimos videos de las obras que teníamos. Junto con Timbre 4 fuimos de los primeros en hacerlo. Apenas se cerró todo nosotros ya estábamos con una cartelera de propuestas para ver de manera online.  Después nos dimos cuenta de que se iba extendiendo en el tiempo y un montón de artistas empezaron a subir sus trabajos; cada vez eran más y ahí fue cuando decidimos retirarnos de la virtualidad. Para nosotros era una situación de orden circunstancial; si ya se iba a transformar en una nueva realidad no nos interesaba. Fuimos los primeros en empezar y los primeros en retirarnos. Luego decidimos derivar nuestra propuesta en términos de contenidos virtuales a charlas y encuentros. Organizamos ciclos por Zoom con Luis Cano, Alejandra Varela y Horacio Banega en donde se discutían aspectos de la actividad teatral. También alimentamos el canal de You Tube a través de estas charlas y luego cuando se pudo volver a la presencialidad estrenamos El año de Ricardo y un tiempo después llegó Zoraida. La reina del Abasto. Cuando se vuelve a cerrar la presensialidad solo tuvimos la posibilidad de seguir con Zoraida porque se permitía hacer teatro en la vía pública.

«Zoraida, la reina del Abasto», una de las creaciones del director.

¿Cómo nace el proyecto de Zoraida?

Zoraida fue estrenada para el FIBA 2019 en donde se organizó una edición especial de Teatro Bombón Vecinal. A mí me convocaron para que hiciera un trabajo en donde tenía que contar una historia que sucediera en el Abasto y que tuviera como protagonistas a vecinas y vecinos del barrio. Y así surgió Zoraida. Ella trabaja con nosotros en El Extranjero hace muchos años y es vecina del Abasto.

¿Cómo son las repercusiones del público?

Por suerte los espectadores son muy diferentes entre sí y hay muchas repercusiones distintas. En general, la gente se siente muy sensibilizada por la historia de Zoraida, una inmigrante, batalladora, laburante, una mujer que la tuvo bien difícil en la vida y hoy en día sigue peleándola. Al mismo tiempo con un poder de resiliencia, una fortaleza en torno a su fe y a su esperanza que es lo que la sostiene, a pesar de todas las dificultades que va sorteando. Zoraida toma una dimensión en términos de lo que puede despertarnos a cada uno que escuchamos esa historia en torno a nuestra propia queja cotidiana. Terminás de transitar Zoraida y pensás que podrías ser un poco más agradecido con la vida y en eso sí Zoraida se convierte para mucha gente en un símbolo de esperanza. Hay un montón de cosas alrededor de nuestra propia existencia que debemos valorar incluso en momentos tan complicados como los que estamos atravesando.

¿En algún momento pensaste en no poder continuar con la sala?

Sí, pero sería un poco injusto relacionarlo exclusivamente con la pandemia porque es algo que a mí me sucede desde hace muchísimo tiempo o como creo que le sucede a la mayoría de las salas.  Mucho antes de que existiera la pandemia las salas han tenido que organizar distintas movidas alrededor de las dificultades que les tocaba atravesar. Por supuesto, que acá se llega a una situación extrema, pero es un miedo con el cual se convive a diario teniendo una sala de teatro. ¿Hasta cuándo voy a poder estar? Y la respuesta es muy difícil de saber. Es muy complicado en el teatro no vivir el presente de manera permanente porque estás todo el tiempo teniendo que resolver algo del aquí y ahora. Proyectar o pensar el futuro en el teatro es muy complicado porque es muy coyuntural lo que sucede: estamos siempre entregados al aquí y ahora. El hecho de que yo haya convivido con ese miedo casi desde el mismo comienzo de la existencia de la sala no quiere decir que no lo haya transitado durante este tiempo también. Uno convive con eso.

«El año de Ricardo», otra de las obras que dirigió.

¿Cómo definís tu teatro?

El teatro que yo hago tiene un carácter de orden combativo. Intenta poner en crisis muchas de las circunstancias que atravesamos de manera permanente a las cuales en muchos casos simplemente nos acostumbramos y aceptamos como situaciones dadas y que quizás no nos tomamos el tiempo para reflexionar. Hay otras que sí, que claramente están en nuestra reflexión permanente, pero no todo el teatro se hace cargo de eso. El teatro que yo dirijo generalmente se ocupa de temas sociales, de los sectores más vulnerables, más cerca de los márgenes y no tanto en la zona de confort. Intenta irse a los bordes. Trato de nunca hacerlo desde un lugar de bajada de línea, sino que sea una mirada también autocrítica. Me interesa que me ponga en conflicto con mi propio pensamiento y que la obra deje un interrogante, una pregunta y no que dé una respuesta. Zoraida toca los márgenes. La vulnerabilidad del ser humano en un montón de aspectos, pero la realidad es que el texto no intenta en ningún caso apartarse de esa zona más esperanzadora que la propia Zoraida tiene consigo. Yo lo escribí a partir del encuentro con Zoraida y de lo que ella me fue contando y yo fui muy fiel a su forma de ver el mundo.

¿Cuáles son los futuros proyectos?

Estoy con un proyecto de una obra de teatro que se llama Rota. Es un texto escrito por Natalia Villamil y la actriz es Raquel Ameri. Es el relato de una madre que está transitando el duelo de la muerte de su hijo quien se suicida después de haber matado a su novia. Nos planteamos la pregunta de qué nos pasa a nosotros como sociedad, como masculinos, con una mujer que también es madre. Me interesan esas otras capas que aparecen: ¿qué le pasa a la madre de un femicida? Es quien lo crió y tiene que convivir también como mujer con ese dolor y esa culpa. Y ahí es donde me interesa indagar. Yo ya había trabajado esta problemática con Biolenta, una obra de Carolina Vergara Olivetti. Estamos armando también los próximos capítulos de Zoraida que tienen que ver con otros recorridos a partir de otras identidades, el capítulo 2 es Toño, el príncipe del Abasto, un inmigrante colombiano que vive y trabaja en este barrio y tiene una relación con Zoraida. Es el recorrido de la vida de Toño que es una historia durísima y preciosa a la vez. Él es un ser humano maravilloso. Además, reestreno El año de Ricardo y acabo de presentar para Mecenazgo un proyecto que tengo ganas de hacer desde hace mucho tiempo que es una versión mía de El Malentendido, de Camus.

Tu teatro se llama El Extranjero como la novela de Camus y a tu grupo de teatro lo denominaron “El Balcón de Meursault”, nombre del protagonista de la novela de Camus. ¿Por qué te representa tanto Camus?

¡Y tengo la foto de Camus en el teatro arriba de cualquier otra foto! Yo tengo un carácter de orden existencialista, soy una persona que me paso todo el tiempo poniéndome en crisis a mí mismo en mis propias creencias respecto de mis pensamientos. Tengo una mirada del mundo bastante pesimista y soy un gran escéptico. Todo esto lo encuentro desarrollado en Camus a través de una inteligencia y de una capacidad de poder poner en palabras lo que a mí me pasa en términos emocionales. No sé si es mi autor favorito. Quizás es más que mi autor favorito, es casi como una referencia de orden filosófico.

¿Con quién compartirías una copa de vino del mundo artístico?

Con Dylan Thomas. Él rechazaría el vino y me diría que sea una botella de whisky y yo por supuesto que lo acompañaría. Y Camus por supuesto que también.