Lorena Vega. La creación como el gran pulso vital

La actriz, directora y dramaturga estrena obras por streaming, prepara un libro de su obra «Imprenteros» y grabó un podcast de ficción junto a Leo Sbaraglia. Un vino imaginario con Chéjov.

Por Muriel Mahdjoubian Rébori. Fotos: Sebastián Freire y Prensa.

Lorena Vega es una inmensa actriz de impecable trayectoria en el teatro independiente. También se destaca como directora y dramaturga. A pesar de la pandemia y en tiempos de aislamientos social, la autora de la exitosa obra Imprenteros no se detiene.

Será una de las primeras directoras en estrenar en el Teatro Nacional Cervantes la pieza escrita por Mariano Saba, Civilización, vía streaming. También hará una obra de Mariano Tenconi Blanco, El Barco, en el Teatro San Martin.

Además, escribió algunos textos autobiográficos que forman parte de la web del Centro Cultural Kirchner y junto a Leo Sbaraglia grabó un podcast sobre un cuento de Raymond Carver. El viernes 18 de septiembre hará el streaming de Yo encarnación Azcurra a través del Picadero.

En esta entrevista, comparte su mirada acerca de la creación en tiempos de pandemia, su experiencia como miembro de Profesores Independientes de Teatro (PIT). «Ojalá que tenga un destino que trascienda el tema de la cuarentena y nos pueda seguir representando como sector laboral, productivo, artístico y referente de nuestra disciplina”, explica Lorena. Y se imagina tomando un vino con muchas risas junto Chéjov.

¿El arte puede ayudar en este momento? Si es así, ¿de qué forma?

No hay duda de que el arte puede ayudar. Desde que se declaró la cuarentena, el consumo de películas y de obras de teatro vía streaming creció un montón. Además de otros tantos contenidos que comenzaron a articularse, incluso las clases de teatro y todas aquellas que viraron a la escritura también fueron muchísimas. Creo que tiene que ver con una necesidad en donde persiste el interés por el aspecto artístico de la vida humana. El arte pertenece a una de las manifestaciones de lo humano. Es un sector laboral también y, como tal existe, produce, se consume, se necesita, tiene una actividad y entidad en sí mismo. Así que, claro que ayuda. Más allá de que su función no sea principalmente ayudar, lo hace. Sobre todo, en la población adolescente, que manifiesta que poder verse con compañeros de teatro por zoom les genera un oxígeno que les estaba faltando por estar encerrados en sus casas.

«Imprenteros», la obra que hizo junto a su familia.

¿Por dónde circulan los caminos de la creación en estos tiempos?

En estos tiempos para mis los caminos de la creación no se detuvieron, a pesar que al comienzo de la cuarentena temí bastante por todo el aspecto creativo. Todos los proyectos que tenía se habían detenido y la verdad que una vez más la posibilidad de poder crear me vuelve a recontar con el deseo de vivir. También me fui adaptando, traduje mis clases de actuación a clases de escritura. Inicialmente la propuesta era escribir monólogos para más adelante ser llevados a una versión teatral, pero surgieron muchos materiales que no son estrictamente teatrales y esos espacios fueron muy nutritivos. Del mismo modo empecé yo a tomar clases de escritura, que era algo que había hecho solamente de adolescente. Por otra parte, junto a Leo Sbaraglia generamos un podcast para Revista Anfibia sobre una adaptación de un cuento de Carver y fue tan buena la repercusión que se multiplicó la propuesta y existe la posibilidad de llevar una miniserie a través de Anfibia. Además, participé de la versión online de la obra de Fernando Rubio, Todo lo que está a mi lado, donde la gente entraba a un zoom y ahí actuábamos de modo unipersonal para una platea online. También estuve escribiendo textos autobiográficos que algunos de ellos forman parte de la web del Centro Cultural Kirchner, en la sección “pensamientos, narrativas desde el aislamiento”. Al mismo tiempo avancé con la escritura del libro Imprenteros junto a mis hermanos; filmé con mi marido, Gonzalo Zapico, algunas escenas cotidianas en casa con la intención de que en algún momento sean parte de un documental. El aspecto creativo no se estancó y estuvo bastante vinculado a autobiográfico.

¿Cuáles son tus proyectos para este año y cuales quedaron en el camino?

Quedaron varios planes en el camino, pero sin abandonarlos del todo sino encontrándoles otras posibilidades. Cuando se declaró la cuarentena íbamos a estrenar Precoz, basada en la novela de Ariana Harwicz en donde actuaban Julieta Díaz y Tomy Wics y yo dirigía. Ese proyecto mutó y generamos un podcast y un tema musical original que cantan Julieta y Tomy, que prontamente saldrá a la cancha. Además, tenía giras con Imprenteros, no solo en el país sino también en el exterior. Por otra parte, están los proyectos con la nueva modalidad. Voy a dirigir en el Cervantes la obra de Mariano Saba, Civilización, que luego se verá vía streaming. Empezamos los ensayos con todos los protocolos y una duración de 4 horas. El elenco está integrado por Julieta Brito, Andrea Nusembaum, María Inés Sancerni, Mariano Sayaveedra y Gonzalo Urtizberea. Y en el creativo están Soledad Ianni en las luces, Celeste Etcheverry en la escenografía, Julieta Arca en el vestuario, Agustín Flores Muñoz en la música y Jazmín Titiunik en la coreografía. El viernes 18 de septiembre voy hacer el streaming de Yo encarnación Azcurra a través del Picadero. Al mismo tiempo, soy parte de la obra El barco, un audiovisual para el teatro San Martin que escribió y dirige Mariano Tenconi Blanco y actuamos con Laura Paredes, Santiago Gobernori, Marcos Ferrante, Agustín Rittano y Juan Isola, que lo filmaremos en el transcurso de este mes. Y para finales de año, si hay mayor apertura, quisiera viajar a Córdoba junto a mis hermanos para hacer una residencia en “DocumentA escénicas”, la editorial cordobesa que está acompañando la edición del libro de Imprenteros.

Lorena Vega en «Yo, Encarnación Ezcurra».

¿Qué crees que sería importante como aporte para la recuperación del ámbito teatral? 

Hay que encarar la recuperación del ámbito teatral con muchas herramientas. No quiero ser responsable de poder decir todas porque es complejo. Pero sin dudas hay que colocar a la actividad teatral como uno de los pilares de la industria artística y escénica de nuestro país, porque tenemos una muy alta calidad de producción y de gente que se dedica a esto y estudia muchísimo para hacerlo de la mejor manera. Las artes escénicas necesitan ser consideradas, valoradas, atendidas y fomentadas. Concretamente hay una serie de cosas que estamos pidiendo que es necesario que se cumplan y que van desde cuestiones impositivas; se trata de un cambio de mirada total en relación al lugar que tiene que ocupar y cómo tiene que estar considerada la actividad. Hay mucha circulación y traspaso de conocimientos además de que es un espacio de contención en todo sentido. Es un lugar al cual hay que atender y tener otra mirada que no tiene que ser la beneficencia, tiene que poner a la actividad en igual con otros rubros como el turismo, el deporte, lo gastronómico tiene que ser un lugar de una valoración que todavía no ha tenido nunca en nuestro país y que me gustaría que en los discursos esté siempre nombrada y atendida.

¿Cómo fueron los resultados de PIT? ¿Cuáles son las novedades y cómo piensan continuar?

Es un espacio muy interesante que tiene sólo cinco meses de vida. A partir de la declaración de la cuarentena ha logrado agrupar al sector docente, en principio de CABA, pero ya se está extendiendo para ser federal y estar en dialogo con todas las provincias. La experiencia de CABA es absolutamente positiva. Se logró generar un espacio de discusión y reflexión sobre nuestra actividad, se generó solidaridad, lazos para poder atender a quienes más lo necesitan y una red de intercambio no solo de contenidos y conocimientos sino también de contención emocional y económica. En todo sentido es muy fructífero. Es una agrupación joven en donde hay mucha gente. Hay que seguir generando acuerdos, consensos y una voz que represente a todo ese sector tan diverso. Ese va ser el gran desafío de cara al futuro y ojalá que tenga un destino que trascienda el tema de la cuarentena y nos pueda seguir representando como sector laboral, productivo, artístico y referente de nuestra disciplina.

¿Con quién te hubiera gustado tomar un vino del mundo del teatro de todos los tiempos y por qué?

Me hubiera encantado tomar un vino con Chéjov. Le hubiera hecho muchas preguntas y creo que me hubiera reído mucho con él.

¿Algo que quieras agregar?

Me encantaría que puedan Kuala Lumpur, el trabajo de Maruja Bustamante en la página del CCK. Es la obra que hicimos con Gustavo Tarrío y creo que ella logra en ese documental que hizo para la web un recorrido, una mirada muy fiel al espíritu de lo que hacíamos en aquella época con el teatro y desde la actuación junto a Juan Pablo GaraventaValeria LoisMartín Piroyansky y yo. Fue mi grupo de inicio que duró casi 10 años. Me gustaría que hagan esa experiencia y también que visiten la web de Imprenteros: https://www.imprenteros.net. Cualquiera de esos dos trabajos habla mucho de mí, pero hablar de mi para poder hablar de un modo de hacer teatro y de actuar que me parece que está bueno de contagiar. Es lo que más me gusta hacer: contagiar ganas de hacer cosas.