Leonor Manso. La historia de Bergman, Ulmann y cómo reinventar el amor

La directora habla del proceso creativo de “Bergman y Liv. Correspondencia amorosa”, que imagina un intercambio epistolar entre el cineasta y la actriz.

Por Diego Jemio. Fotos: Cristian Holzmann.

Una carta es algo más que una conversación entre dos ausentes. En esos textos, está la voz viva de sus protagonistas, sus preocupaciones, su vida de entrecasa, sus pensamientos en voz alta…

Por eso, el género sigue vivo aunque bajo otras formas de tecnología. Y el teatro, cada tanto, da cuenta de esa forma de comunicación tan antigua.

Basada en un libro de Lázaro Drosnes, la obra “Bergman y Liv. Correspondencia amorosa” imagina un intercambio epistolar entre el director Ingmar Bergman y la actriz Liv Ullmann.

Ingrid Pelicori y Osmar Nuñez le dan vida a los personajes, mientras que Leonor Manso estuvo a cargo de la dirección de una puesta simple, con apenas dos atriles y una alfombra símil pasto en el escenario.

Nuñez y Pelicori en una escena de la obra.

Manso cuenta qué significó Bergman para su generación y los desafíos creativos de contar esta historia de amor -y de creación- entre dos magníficos artistas.

¿Qué significó el cine de Bergman para tu generación?

Muchísimo. Mi generación vivió toda la explosición de su creatividad, que nos marcó mucho. El autor le dio el texto a Ingrid (Pelicori), que me lo acerca a mí. Lo leí y me pareció sumamente interesante, así que decidimos hacerlo.

¿Cuáles fueron esos puntos de interés de estas cartas? En realidad, textos que fueron imaginados por el autor.

Fueron imaginados por el autor, pero sobre una base de cosas que ocurrieron, como el hecho de su estadía en la isla de Farö mientras ella recorría el mundo. En el medio, hicieron algunas películas juntos. Y ella fue avisada en el momento de su muerte y llega a tiempo para verlo.

Osmar Nuñez e Ingrid Pelicori protagonizan la obra.

En la puesta, hay un elemento de teatro leído, con los atriles y los papeles a la vista del público. Pero, a su vez, los actores memorizaron las cartas. ¿Cómo fue esa decisión que tiene un poco de los dos mundos?

Justamente, como son cartas, decidimos que los actores las memorizaran para interpretarlas mejor. Creo que la mayor gracia del espectáculo es la interpretación de estos dos personajes, a través de Ingrid y de Osmar. Trabajamos mucho en ese aspecto. Me refiero al recorrido de esa relación, a lo largo de 40 años y en las formas que encontraron de relacionarse.

¿Siempre estuvo presente la interpretación o al principio eran lecturas?

Al principio, se leían las cartas. Entonces, les decía a los actores: «Pero acá ocurre tal cosa…» Empecé a exigir que hicieran carne la carta y que las interpretaran al máximo. Ahí Ingrid propuso: «¿Y si las memorizamos?» En definitiva, es tener esas palabras en el cuerpo y en la cabeza.

La puesta de la obra es mínima, con apenas un atril y las cartas.

Hace un rato, mencionabas la cuestión de ese vínculo que perdura, más allá de la pareja. ¿Qué te conmueve de ellos?

La relación a través del tiempo y los cambios que van viviendo. Luego de la ruptura de la pareja, ellos pudieron rearmar ese vínculo desde otros lugares, con mucho afecto y consideración de parte de los dos. Me atrae la idea de cómo puede una relación puede mantenerse en el tiempo, a pesar de la separación. Y las formas que va tomando.

¿Qué te produce, como creadora, ver la platea vacía? Me refiero, al paisaje fragmentado de la sala, a raíz de la pandemia.

Por supuesto, es distinto a lo que estábamos habituados. Los actores se dirigen a la platea, que ahora aparece poblada con una especie de islas separadas por el público. No sé si afecta en algo a la representación. Quizás, tal vez por necesidad, uno busca la manera de naturalizarlo.

“Bergman y Liv. Correspondencia amorosa”, con Ingrid Pelicori y Osmar Nuñez, se puede ver los domingos de abril y mayo, a las 20.30, en el Centro Cultural 25 de Mayo (Avenida Triunvirato 4444).