Juan Tupac Soler: “Siento una necesidad física y creadora después de la pandemia”

El actor habla sobre la vigencia y relevancia del trabajo colectivo de “Mi hijo sólo camina un poco más lento”, que lleva siete temporadas y se convirtió en un suceso teatral, con dirección de Guillermo Cacace.

Por Marcos Mutuverría. Fotos: Gentileza Juan Tupac Soler.

En Mi hijo sólo camina un poco más lento, el actor Juan Tupac Soler corporiza a Branko, un joven de 25 años con una enfermedad progresiva que lo tiene en silla de ruedas. El cumpleaños del joven es la excusa argumental para espiar los entrañables lazos de una familia que brilla en escena e invita a ser parte de ese festejo, de esa experiencia.

¿Cómo vivís el regreso al escenario? ¿Qué tipo de reflexión te merece?

Principalmente, se vive con mucha alegría. También cansados, por todo lo que tuvimos que vivir y reinventar en este tiempo. Pero, por suerte, al volver también vuelve la alegría al cuerpo. Por reencontrarse con lo que uno sabe hacer y lo que más vitalidad le da a uno, que es actuar y es el teatro. Pasó demasiado tiempo sin poder volver a hacer funciones, por lo cual, también me hace pensar y sentir que estamos volviendo con otra mirada, transformados. Es imposible que todo lo que pasó en este tiempo a uno no lo modifique como humano y como artista. No obstante, creo que justo eso es lo que nos hace volver con más fuerza y con una gran necesidad de poner el cuerpo. En lo personal siento eso: una necesidad física y creadora, que por suerte, de a poco, va tomando curso. Es un respiro, un aire en todo este caos.

¿Qué pensás acerca de la vigencia de «Mi hijo…» a lo largo de estos años?

Principalmente, me da mucha alegría que un proyecto independiente como éste haya logrado todo lo que logró y aun así sigamos avanzando. Hay que agradecerlo y disfrutarlo. Creo que el público tiene una fuerte empatía con la obra, con el texto y con los personajes; eso hace que, aunque pase el tiempo, siempre estemos acompañados. Y la consecuencia de esa empatía, a mí criterio, la genera el trabajo colectivo. Todas las partes que componemos este proyecto nos encontramos en el momento que nos teníamos que encontrar, con la energía necesaria para estar a la altura del trabajo que nos pedía el proyecto. Ahora se agradece, se disfruta y se sigue acompañando el crecimiento. ¡Veremos hasta donde llega todo esto!

Juan Tupac Soler, uno de los actores de «Mi hijo sólo…».

¿Cómo trabajaste la composición de tu personaje y qué desafíos representa en la obra?
Sinceramente, tuvimos muy poco tiempo de montaje de esta obra. No había mucho tiempo para pensar demasiado como actor; lo mismo les sucedía a todos los roles del proyecto. Por lo cual, la composición de mi personaje es una consecuencia de todo el trabajo colectivo (una vez más). Sabiendo de antemano que un personaje no es nada por sí solo sino siempre en relación con otros. Pero en esta obra más que nunca -o mejor dicho, en esta familia- la composición del personaje fue simplemente estar ahí conviviendo en escena con quien hacía de mi madre, de mi padre, de mis abuelos, mi hermana y todos los integrantes de esta familia… Con el tiempo, el trabajo y sobre todo la escucha colectiva, no sé cuándo pero un día devino Branko, como también devinieron los que lo rodean. Creo que el desafío principalmente fue ése: dejar de lado lo individual, para que siempre esté por delante la obra y lo colectivo. Colectivo me refiero por el hecho de estar con otros; no por ser muchos.

¿Cómo dialogás con el público y qué experiencias has tenido con personas con discapacidades físicas?
Tenemos un fuerte contacto con el público sobre todo antes de la pandemia, en la cual tenía la tarea de convidar mate a todo el público, cosa que obviamente no hacemos más.
La gente es muy generosa con esta obra. Muchos repiten, los ves venir una y otra vez. Y es lindo eso; me hace pensar por momentos que somos más una banda de rock que una obra de teatro. No lo puedo evitar. Y ellos (el público) son un personaje más en esta obra. Nos miramos, interactuamos… somos cómplices. Quizás por eso, después de la función tienen mucha necesidad de compartir algo con nosotros (unas palabras, un abrazo, algo). La gente, toda en general, la que se acerca a ver la obra, agradece mucho que estemos haciendo esto. Claro que han venido muchas personas con discapacidades físicas. Siempre nos esperan, nos saludan y agradecen que esta historia se esté contando. Algunos hasta después me comentan o me escriben por redes. Me parece un gesto lindo de su parte, pero también está bueno saber que, más allá de la discapacidad, la obra habla de los vínculos humanos, de lo netamente humano y todo lo que eso conlleva.

Si tuvieras que sintetizar en una palabra el tema de la obra, ¿cuál sería y por qué?
Existencia. Porque habla del simple hecho de existir y de todas sus respectivas consecuencias.

En su séptima temporada, “Mi hijo sólo camina un poco más lento” se puede ver los domingos, a las 11.30, en el Teatro El Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857). Entradas a la venta por Plateanet.com.