Federico León: «Hay que estar abierto a lo imprevisible»

El actor, dramaturgo y director está escribiendo «muy lentamente» una obra nueva durante estos meses de pandemia. Y cuenta cómo fue la experiencia creativa de «Retiro Zelaya».

Por Muriel Mahdjoubian Rébori. Fotos: Gentileza Prensa.

Federico León es director, autor y actor y creador del Espacio Zelaya, junto a Agostina Luz López, en el barrio del Abasto. Ahora, en contexto pandemia, está volcado a la modalidad virtual con distintas experiencias.

«La idea es compartir con diferentes artistas, docentes y divulgadores a través de charlas, talleres, ensayos, lecturas. Lo pensamos como una constelación, una trama que vincula disciplinas que aparentemente están separadas: teatro, cine, psicología, pedagogía, filosofía comparada de Oriente-Occidente, astrología, poesía y artes visuales”, explica Federico.

Él es autor de piezas memorables como Cachetazo de campo, Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack, Yo en el Futuro, Las multitudes, Las ideas y Yo escribo, vos dibujas, entre otras. También incursiono en el cine con Todo juntos, su primer largometraje como actor, director y guionista y en Estrellas, codirigido junto a Marcos Martínez. Sus obras se presentaron en teatros y festivales de Alemania, Francia, Holanda, Austria, Italia, Dinamarca, Escocia, Canadá, Bélgica, España, Brasil, Estados Unidos y Australia.

Su primer contacto con el teatro fue de muy chico viendo obras en el barrio de La Boca del grupo Catalinas Sur. “Se hacían en la plaza Malvinas, eran experiencias increíbles, los vecinos del barrio formaban parte del grupo”, recuerda Federico. “Era una multitud de gente muy variada y creo que algo de eso influyó-se metió en mi trabajo. Lo que más me convoca de hacer teatro son las dinámicas grupales. En cada obra se arma una familia”.

¿El arte puede ayudar en este momento? Si es así, ¿de qué forma?

Este es un momento de mucha incertidumbre. Me hace pensar, más allá de las diferencias, en un proceso de creación en donde uno se pone ansioso. Quiere resolver, saber qué es lo que va a venir; quiere controlar la situación. En principio me parece que hay que estar abierto a lo imprevisible, a lo que no sé. Creo que cuando uno está más disponible está más creativo también. En ese sentido el arte ayuda.

¿De qué se trata Retiro Zelaya?

Lo organizamos con Agostina Luz López. La idea era compartir una experiencia de tres días con diferentes artistas, docentes y divulgadores. Lo hacemos a través de charlas, talleres, ensayos, lecturas. Lo pensamos como una constelación; una trama que vincula disciplinas que aparentemente están separadas: teatro, cine, psicología, pedagogía, filosofía comparada de Oriente-Occidente, astrología, poesía, artes visuales. Estas prácticas-filosofías-cosmovisiones proponen-invitan a un trabajo permanente con uno mismo, un trabajo de auto-observación, de estar abierto al misterio, a la incertidumbre de los procesos de la vida y de la creación. Queríamos que los artistas y los divulgadores compartan sus propios procesos, su propia síntesis, construida de una manera artesanal y que está hecha de diversas fuentes, aprendizajes, inquietudes, experiencias.

Promoción de la experiencia multidisciplinaria «Retiro Zelaya».

¿Por dónde circulan los caminos de la creación para un dramaturgo en estos tiempos?

Estoy escribiendo, muy lentamente, una obra nueva. La vengo escribiendo hace bastante tiempo. Creo que saber que no puedo empezar a ensayarla me permite seguir incubándola, dejándola por mucho tiempo y volviéndola a retomar. Es algo que en el ritmo habitual de trabajo es más complicado de hacer.

¿Cuáles son tus proyectos para lo que queda de este año?

Este año lo había pensado como un año de no hacer nada. Hace tiempo que quería tener un año libre y justo llegó la pandemia. Lo único que tenía planeado era no tener nada planeado. Me parecía importante poder parar de hacer, tomarme un tiempo para pensar cuáles son mis inquietudes por fuera de mi trabajo. Esta reflexión me resulta más complicada si estoy en el ritmo del trabajo. Más allá de esto creo que uno siempre está inmerso en procesos creativos porque las ideas no se pueden controlar solo con la voluntad.

¿Qué crees que sería importante como aporte para la recuperación del ámbito teatral? ¿Cómo están llevando adelante todo en Zelaya?

La verdad es que no sé bien. Estamos en una situación inédita y muy compleja en donde todo cambia día a día. Con respecto a la sala es un momento delicado. Por ahora podemos sostenerla, de una manera muy justa.

¿Cuál fue tu primer contacto con el teatro?

Mi primer contacto con el teatro fue de muy chico viendo obras del grupo Catalinas Sur. Se hacían en la plaza Malvinas, que era el espacio en el cual presentaban sus obras previo a tener el galpón. Vivía en un edifico que estaba justo enfrente de la plaza. Eran experiencias increíbles en las cuales los vecinos del barrio -varios eran padres y madres de mis compañeros de primaria- formaban parte del grupo. Era una multitud de gente muy variada y creo que algo de eso influyó y se metió en mi trabajo. Lo que más me convoca de hacer teatro son las dinámicas grupales. En cada obra se arma una familia y lo que me entusiasma es encontrar las dinámicas específicas de cada grupo; ese espacio en el cual personas muy distintas entre sí pueden encontrarse y trabajar juntas.

¿Con quién te hubiera gustado compartir un vino del mundo del teatro?

Es difícil la pregunta porque creo que eso va cambiando con el tiempo. Lo abro también al mundo del cine y de la literatura. Cuando empecé a hacer teatro, me hubiese encantado tener un encuentro así con Fassbinder, cuando vi La angustia corroe el alma, con Dostoievsky, con Salinger, con Beckett, con Leonardo Favio… En algún momento podría haber sido con Alain Platel después de ver su obra Lets op Bach y con Pina Baush cuando vi Kontakthof. Había un intervalo y cuando fui al baño sentía que estaba en coreografía y en los últimos años tal vez con Jung, con Krishnamurti, con Gandhi (con los dos últimos me parece que sería sin vino). Con todas estas personas me relacioné íntimamente y de alguna manera me tomé un vino con ellas.