Claudio Tolcachir: «Vamos a necesitar apoyo y ayuda económica del Estado»

El director, dramaturgo y creador de «Timbre 4» asegura que estos son «tiempos improductivos, en el mejor de los sentidos». Habla del teatro que se viene luego de la pandemia y de las obras online.

Por Muriel Mahdjoubian Rébori. Fotos: Gentileza Clarín y Prensa Timbre 4.

“La situación nos demostró que éramos más necesarios de lo que podíamos imaginar”, dice Claudio Tolcachir, actor, dramaturgo y director de teatro, para contar la situación que estamos viviendo de aislamiento. Y, por consiguiente, freno de la actividad teatral.

Tolcachir ha sabido construir y forjarse su propio camino como pocos. Fundo su propio espacio cultural Timbre 4 en lo que era su antigua casa en el barrio de Boedo. En el fondo, tenía un teatro en el que actuaba una compañía, así como un taller de formación de actores. Con los años, se multiplicó en tres espacios que están ubicados en el mismo barrio con salas y programación permanente.

Exhibe regularmente sus espectáculos tanto en su teatro como en el extranjero. Sus obras se representaron en más de veinte países y fueron traducidas a seis idiomas. Entre sus más destacadas están La omisión de la familia Coleman, Tercer cuerpo y El viento en un violín.

¿Crees que algo se modificará después de esta pandemia?  ¿El arte puede ayudar en este momento?

Me da la sensación de que progresivamente las cosas van a volver a ser parecidas a como fueron antes. Sin dudas, habrá cuestiones que se movieron en el interior nuestro o en el de las estructuras de la sociedad. Presumo que algunas para bien y otras no tanto. Cada uno toma decisiones en relación a su familia, trabajo, compañeros y en cómo se enfrenta a esta situación. Esto siempre tiene consecuencias negativas y positivas. Para mí fue importante que, desde nuestro espacio Timbre 4, todos los que somos parte tengamos la posibilidad de atravesar esta situación sin que nadie quede fuera de la red. La idea es que los que organizaron su economía alrededor de timbre lo puedan sostener. La idea es que nos cuidemos en conjunto y ahí es donde las máscaras caen; ahí es donde vemos a la gente sinceramente, vemos la impunidad de la opinión, ciertas actitudes de un individualismo pavoroso y todo eso pesa y de alguna manera deja marca. Sin duda el arte no solo puede ayudar sino es parte fundamental de poder procesar todos los mecanismos. Lo bueno que puedo ver de esta situación es que se buscó mucho amparo en lo artístico. Creo que nos demostró que éramos más necesarios de lo que podíamos imaginar como para que la gente se ponga a ver teatro a través de sus computadoras y que no lo abandone. No es poco.  El teatro va a ser catalizador de todo esto. Lo que se nos dificultó es el encuentro y lo que más deseamos todos es encontrarnos y la cultura encuentra y nos hace sentir y vibrar en un mismo tiempo.

«La omisión de la familia Coleman», la obra de Tolcachir que dio la vuelta al mundo.

¿Qué sería importante como aporte para la recuperación del ámbito teatral? ¿Cómo imaginas el regreso de los artistas a los escenarios?

Depende de cada país y de las estructuras que tenga. Yo estoy estudiando los modelos, pero no es lo mismo un modelo nórdico con sus estados que uno latinoamericano asumiendo las distintas realidades que tenemos. Por supuesto, vamos a necesitar apoyo y ayuda económica del Estado, pero sobre todo precisaremos flexibilidad para poder sobrevivir. Flexibilidad en cuanto a los pagos que tenemos que hacer, flexibilidad para las habilitaciones y poder trabajar con un formato que no sea tan rígido y absurdo como el que tenemos hasta ahora. Requerimos poder usar nuestros espacios de una forma más dúctil y por supuesto segura.  Si nos permiten investigar, probar cosas nuevas nos van a ayudar también mucho a poder reabrir las puertas. La ayuda no siempre es económica; también es de comprensión, de apoyo, de comunicación, de puentes, de red… Creo que en eso hay que ser astutos y ofrecer todas las opciones para salir a flote.

Algún consejo que puedas darles a los artistas en estos tiempos de cuarentena.

Esencialmente creo que cada uno tiene que escuchar lo que necesita. Son tiempos improductivos en el mejor de los sentidos. La máquina se paró y cuando la maquina se para es bravo. Pero nos da la posibilidad de hacer lo que queramos, sino estábamos en esa situación que es un estado difícil de encontrar hacer solo lo que querés. Creo que la pregunta es siempre qué necesito, qué me falta, qué quiero, de qué quiero hablar… Pienso que detectar la ausencia, lo que me falta, lo que no tengo, lo que extraño, es un buen motor para comenzar. Necesito contar sobre esta idea, quiero formar un grupo, creo que conectarse con la necesidad es un buen punto de partida.  No puedo dar ningún consejo, pero sí creo que hay que tratar de ver qué queres hacer. ¿Qué necesidad tenes? Seguramente todos estamos muy atravesados y convulsionados por lo que nos pasa y volverlo un hecho creativo es algo sanador.

En muchas de las entrevistas hacen referencia al arte como un refugio frente a la pandemia. ¿Pensás que se va a revalidar o mirar con otros ojos la profesión del artista?

Los hechos lo demuestran. Mucha gente se acercó y otros continuaron consumiendo teatro, música, lecturas y entrevistas. Creo que es un hecho fáctico: ver que realmente esa necesidad existe, no es algo colateral.  Es positivo para nosotros porque en general es un lugar muy abandonado, despreciado, olvidado y muchas veces muy maltratado desde el punto de nuestros espacios de teatro independiente.  Es como sostener una montaña con un escarbadientes porque todo lo que nosotros tenemos que hacer para poder mantener un espacio abierto en esta realidad es muy duro. Por eso también vamos a requerir esa ayuda, esa comprensión. 

«Tercer cuerpo», otra de sus creaciones.

¿Qué crees de esta nueva modalidad de ver teatro online?

Pienso que es útil como manera de esperar la vuelta al ruedo. Nunca se convertirá en el reemplazo del teatro. Además, vale para difundir trabajos de grandes artistas que de otra manera no tendríamos la oportunidad de ver. Muchos han podido ver a Alejandro Urdapilleta, Alfredo Alcón, Juan Carlos Gené o Alberto Segado gracias a esta forma y ya cobra sentido.

¿Con quién te hubiera gustado tomar un vino del mundo del teatro de todos los tiempos y por qué?

Con Chejov y Beckett. Me encantaría escucharlos a ellos dos porque hablan de lo mismo. Son mis maestros absolutos. Me parecería fascinante descubrir cómo piensan, cómo le ponen azúcar al café, cómo se ríen y cómo miran por la ventana del bar. Me estudiaría cada segundo de esa charla sin perderme un instante. Son los padres absolutos de todo lo que venimos haciendo.