Cecilia Meijide: «Hay que reactivar un sistema de trabajo»

La directora, dramaturga y actriz cuenta cómo atravesó la pandemia y sus efectos en el panorama teatral. Las funciones de «El amor es una mierda» y el proyecto de un infantil.  

Por Muriel Mahdjoubian Rébori. Foto: Julieta Kvasina.

“Vayan al teatro que es seguro”, apunta Cecilia Meijide como una forma de invitación. Todos los viernes, la directora, dramaturga y actriz presenta El amor es una mierda, un unipersonal interpretado por Vanesa Maja, en el Teatro El Extranjero, en el barrio del Abasto.

“Mucha gente que va a ver la obra comenta que es su primera salida, luego de un año y medio, y se sienten muy contentos de poder ir a un lugar en donde están cuidados”, cuenta la directora de Cactus Orquídea, Las cosas de Mabel, Ataque de nervios y Aletta Jacobs, pionera, entre otras.

“Hay que reactivar un sistema de trabajo que ha sufrido fuertemente los efectos de la pandemia”, agrega Meijide, que para mediados de octubre debutará por primera vez con un infantil: Alicia confusión, una versión de Alicia, escrita por Juan Ignacio Fernández.

Durante el aislamiento, estrenó Asteroide fin de un mundo imposible, de María Zubiri, en el Teatro Nacional Cervantes. Además, participó del ciclo Conexión Inestable, un proyecto de la Diplomatura en Dramaturgia en dónde dirigió la obra Hermanas, de Guido Zappacosta, que se pudo ver a través de Timbre 4. Y en marzo de este año estreno en la Plaza Dr. Houssay, frente de la Facultad de Medicina, Aletta Jacobs, pionera. La obra cuenta la historia de la primera médica holandesa y mujer en entrar a la universidad. Una experiencia que incluye un recorrido por la Plaza Houssay, en donde se cuentan relatos documentales sobre su vida en las voces, a través de auriculares, de Cristina Banegas y Vanesa Maja, sumadas a la presencia de la actriz-guía Lucía Aduriz. 

¿Cómo estás atravesando la pandemia?

Atravesé varias etapas. En un comienzo, fue una sorpresa que me generó mucha incertidumbre y miedo. Creo que es lo que le pasó un poco a todos. Aproveché el tiempo que estuve en mi casa para escribir y leer mucho. A su vez, me convocaron para hacer algunos proyectos a través de Zoom, que fueron muy novedosos e interesantes. En un principio yo estaba bastante negada en hacer cosas por plataformas virtuales, pero después termine disfrutándolas. Cuando hicimos Hermanas por Zoom, en donde trabajaron Vanesa Maja, Maruja Bustamante, Bárbara Massó y Sabrina Marcantonio, fue un gran estímulo para mí porque el formato no era ni cine ni teatro. Me sorprendió porque la gente se emocionaba genuinamente. Fue una experiencia muy linda. En mi caso, el primer año de la pandemia todo se volcó a lo creativo. Este año ya no fue así. Ya me pegó peor, se había ido la novedad y no tuve tanto impulso de escribir. Ya quería salir a trabajar, además de que lo necesitaba. El año pasado no había otra opción. Hoy ya sabemos un poco más de cómo cuidarnos y cómo estar en esta nueva vida. También me convocaron del Teatro Nacional Cervantes para dirigir Asteroide fin de un mundo imposible, de María Zubiri, con Carlos Belloso Luis Machín, Eugenia Guerty, Julián Larquier Tellarini, y Camila Peralta. Fue muy lindo poder estar en el Cervantes. Me parece que se abrió una puerta en convocar a más mujeres.

¿Cómo fue la experiencia?

Una experiencia hermosa y fue lo primero que hice presencial, con mucho protocolo. Para mí fue una gran emoción estar en el Cervantes y con grandes actores. Era la primera vez que trabajaba en el teatro y fue muy lindo después de haber hecho tanto en el independiente, donde siempre hay que remar fuerte y hacer casi todo a pulmón. Fue inolvidable. Pero a su vez, yo estaba atravesada por la coyuntura de saber que muchos colegas estaban sin trabajar. Ninguna sala estaba abierta y algunos espacios tuvieron que cerrar definitivamente porque se fundieron. Yo sabía que era un paliativo y filmar la función con el teatro en silencio fue difícil. Ahí si me angustie. Fue durísimo.

¿Por qué?

Es algo que yo vengo reflexionando a lo largo de todo este año y medio. No solo se cortaron todos nuestros ingresos y la actividad, sino que también todo lo que acompaña a nuestro trabajo. Por ejemplo, todo lo que sucede en los encuentros, en ir a ensayar, ir a estrenar, la gente con la que te cruzas después de la función y las conexiones que se hacen, entre otras miles de cosas más. Extrañamos todo eso. Para mi estrenar una obra es estar acompañada con el público y sus comentarios y con tus seres queridos. El día que terminamos de filmar la obra en el Cervantes vivimos una situación un poco agridulce porque era todo mudo. No se podía ni aplaudir. Además, me convocaron de Nun Teatro para dirigir a Valeria Lois en un monólogo, Señorita Jimena, de Jimena Ríos, que también lo filmamos. Siempre había querido trabajar con Valeria, que es una gran actriz. Me siento muy agradecida y lo celebré, pero a nivel macro me generó un poco de angustia por la situación en general.

Escena de «El amor es una mierda», protagonizada por Vanesa Maja.

¿Cómo surgió “El amor es una mierda”?

Salió sola. La escribí como un ejercicio de monólogo para una clase. A mí me había quedado en la cabeza rondando unas imágenes de un relato de una amiga que se había divorciado. Eran dos. La primera era el día que iban a firmar el divorcio; ella lo vio al él muy bien, muy canchero. Y la otra imagen fue la lectura del documento del divorcio. Esos fueron los disparadores y por supuesto también historias personales, relatos y otras que yo fantaseé. Me divertí bastante con el duelo y la sensación de la perdida. El título El amor es una mierda remite a algo que ella dice en un momento y fue elegido de manera arbitraria y caprichosa. A la gente a veces le choca un poco.

¿Cómo trabajaron la parte corporal?

La entrenamos con Diego Rosental. Trabajamos juntos todos los ensayos y fuimos también probando en el espacio. Además, consultamos material de referencia. Por ejemplo, para la parte de gimnasia, vimos unos videos de fitness de los 80, mucha pelvis y mallas muy cavadas. Y en cuanto al baile africano, en donde ella hace catarsis, fuimos por algo de música con tambores y Diego también investigó esos movimientos.

¿Quiénes fueron tus maestros?

Soy egresada de la EMAD y mi maestro de actuación y dirección es, sin lugar a dudas, Ciro Zorzoli. Estuve con él muchos años como alumna de la EMAD y después cuando hicimos Estado de ira. Trabajar con él es aprender constantemente: no es solo ir a ensayar y montar la obra. Luego estudié dramaturgia con Beatriz Pustilnik y Mauricio Kartun; después entré a la diplomatura y ahí mis profesores fueron Andrés Binetti, Ignacio Apolo y Mariano Saba. Para mi está todo muy relacionado: la escritura, la dirección y la actuación.

¿Dónde te sentís que fluis más en la dirección o la actuación?

Cuando empecé a dirigir la pasé mucho mejor que cuando actuaba. Creo que como actriz no terminaba de disfrutarlo y cuando estrené la primera obra Cactus Orquídea me encontré fluyendo mucho más y con mayor seguridad. Yo disfrutaba mucho estar en el escenario, pero después cuando empecé a dirigir fue como que no hubo dudas. Volvía a mi casa y seguía trabajando, filmaba todos los ensayos y los veía. Ahí dije esto me encanta y después la realidad es que me empezaron a surgir distintos trabajos vinculados a la dirección y me siento cómoda y me gusta más.

¿Pensás que la pandemia puede modificar algo en el ámbito teatral?

Algunas cosas me parece que van a seguir siendo siempre igual. Pienso que hoy hay algo un poco más solidario y menos competitivo. Hace poco pregunté a un dueño de un teatro cómo le estaba yendo con su obra y la respuesta fue: por lo menos la estamos haciendo. Me parece que ya hablemos en esos términos describe un poco la situación. Igual me genera algo agridulce porque por un lado agradecemos volver a una sala y que vengan 10 personas y a su vez nos estamos conformando con re poco. Yo percibo que en esta vuelta hay algo más solidario. Creo que nos hizo un poco más empáticos, basta con mirarse y saber que el otro conoce por lo que pasaste y viceversa. No hace falta que me expliques que estuviste seis meses sin laburar. Si hay algo de eso que no te atraviesa estamos en problemas graves.

«El amor es una mierda» se puede ver los viernes, a las 20, en El Extranjero (Valentín Gómez 3378). Entradas por Alternativa Teatral.