Bernardo Cappa: «Este es un gran momento para crear»

El actor, director y dramaturgo cree que la pandemia brinda «un territorio emocional muy fértil» para producir y desea que todo esto sirva para despertar al teatro de una «siestita».

Por Bernardo Cappa. Foto: Gentileza Clarín

Crear es expandir los límites; descubrir para poder seguir descubriendo. En este caso de la pandemia, se ponen en evidencia los límites. O, mejor dicho, se acercan los límites: la realidad cierra sus fronteras, es lo que es y se pone en evidencia. Esta evidencia asusta. La economía es más importante que la salud. Ahora la salud la complica. Y el tiempo que antes sólo se usaba para hacer dinero ahora se tiene que usar para curar. Eso parece.

Lo que se pone en evidencia es que nada tenía sentido si no producía dinero. Sólo se hablaba de dinero, de eso parecería que nos estamos dando cuenta. El problema ahora es para qué queremos la salud. Y ahí aparece el arte, que se hace fuerte cuando queda en evidencia el procedimiento.

Por eso creo que ahora es un gran momento para crear. De hecho, yo estoy escribiendo, volviendo a escribir varias obras. Me quedo despierto un rato más cuando mi familia se duerme y escribo; me doy cuenta de que esa relación del tiempo con la enfermedad me interpela. Tengo una relación intensa con los hospitales y con la enfermedad y con las emociones que despierta.

Todo ese territorio emocional es muy fértil. Está lleno de contradicciones. Vuelve una fantasía de patria grande otra vez, estamos entre los diez países que investigan al vacuna, otra vez tenemos la esperanza de volver a ser algo. Ahi vuelve lo argentino como tema también. Esa facilidad para desaprovechar oportunidades. Los que denuncian a los que salen; la denuncia, esa particular forma de estar tan argentina. La exageración, el melodrama y la desidia.

Este es un gran momento para crear. Es posible la creación cuando tomamos conciencia de nosotros, cuando nos ensimismamos. En mí opera lo personal en resonancia con lo nacional. En otros, será de otra manera, pero se ven a flor de piel conductas antes ocultas.

En Buenos Aires, la normalidad sobre todo es hacer teatro. Acá se hace teatro porque se actúa todo el tiempo. La actuación y la capacidad de producir forma que ponga en movimiento la emocionalidad es muy porteña. Hacer teatro acá es normal, volver a eso no costará nada.

Es probable que cambien las reglas del negocio. Quizás eso tal vez hasta sea bueno. La actuación no necesita dinero para expandirse, así que seguro volverán las actuaciones con dos o tres cositas, un foquito de luz y alguna gente que mire. No será taaan masivo y no está mal eso. Los temas serán los de siempre y los lenguajes se inventan sobre todo en la necesidad.

Svaboda, una de las últimas creaciones de Bernardo Cappa.

El teatro en Buenos Aires es una potencia en sí, que históricamente se ha hecho fuerte poéticamente en las crisis. Habrá teatro entonces, eso creo, y del bueno. No creo que veamos nada demasiado nuevo, pero sí muy potente; un lenguaje que nace de la necesidad suele ser desprolijo pero muy potente.

En cuanto al ámbito teatral, está enredado en un vínculo que es desfavorable para los actores. Ojalá que, a raíz de la pandemia, podamos conversar para que eso cambie. Por ejemplo, el tema de las salas. Estaría bueno que vuelvan a coproducir con los grupos, que no programen, que no dependan de los espectadores, que se corran del negocio. Hablo siempre del teatro de arte, el otro -el del negocio- me tiene sin cuidado; el que expande el sentido de existencia es el teatro que no especula, el que busca errando.

Hay que pensar nuevas formas de distribución. Habrá que poetizar los espacios, los escenógrafos deberán volver a imaginar en relación a lo que los ensayos produzcan y no tanto sus ideas. Lo mismo los iluminadores, los vestuaristas y todos los que constituyen el hacer de una actividad poética que se había aburguesado.

Hay mucha especulación, muchos que quieren hacer su negocio. Eso tal vez deba retroceder un poco; tal vez el concepto de obra cambiará y el teatro volverá a jerarquizar los momentos, ya no será tan opulento. Tan inteligente para ser más poético, más emocional en el buen sentido de la palabra; un teatro que se meta en el basural de las emociones y no que se quede en al superficie de los progres bien pensantes. Ese basural no es sólo denunciativo, ni feo, es bello, hay belleza en la contradicción, tal vez los criticos deberán dejar de poner en valor, ya no podrán decir si algo es bueno o malo, sino agregar a eso que vieron pensamiento, reflexión, ya no se ocuparán de guiar público, sino de expandir la experiencia teatral.

Ojalá pueda el teatro despertarse de la siestita bien pensante en la que se había torrado. Y vuelva a ser un lugar de descubrimiento poético, un lugar dónde la actuación despliegue su potencia porque si hay algo que sufrimos ahora es la ausencia de los cuerpos. Esos cuerpos inventando formas hidratados de emoción.