Ariel Stolier: «El protocolo del teatro es uno de los más estrictos que se instalaron en el país»

El director de producción del grupo La Plaza, que incluye las salas del Paseo La Plaza y Metropolitan, habla de una reapertura «auspiciosa», a poco más de dos meses de levantar el telón. Recuperar público y el streaming como «ventana dual».

Por Diego Jemio. Fotos: Gentileza SMW Press y Milwatts.

Pasaron poco más de dos meses y medio desde la reapertura de los teatros en la ciudad de Buenos Aires. Lentamente, el público acompaña el regreso de la actividad, que implica un gran esfuerzo de los diferentes agentes del sector. Ariel Stolier es director de producción del grupo La Plaza, que opera en la ciudad las salas del Paseo La Plaza y el Teatro Metropolitan Sura. También es miembro de AADET (Asociación Argentina de Empresarios Teatrales). Y da su mirada sobre esta “reapertura parcial”, el streaming y la experiencia teatral presencial -y con barbijo-, luego de más de nueve meses de salas cerradas.

¿Cuál es tu mirada como productor de estos dos meses de actividad teatral?

La mirada sobre la reapertura parcial, que comenzó a mediados de noviembre, es auspiciosa. La actividad está abierta; eso ya es un avance respecto de 2020, en el que tuvimos más de nueve meses las salas cerradas. Es un paso para recuperar progresivamente el estado de nuestro sector. En este contexto, con la pandemia aún vigente, la repaertura exigió unos condicionamientos para el sector. La sustentabilidad está en duda y al día de hoy implica una gran apuesta de los teatros, productores y elencos que se suben a escena. Somos moderados y vamos acompañando lo que la dinámica de la situación nos obliga. Lo hacemos desde las bases de reabrir las salas, estrenar algunas obras y reestrenar otras. Actualmente, la cartelera tiene más de 50 obras y los públicos van acompañando progresivamente el crecimiento de la actividad.

¿Qué acciones realizaron para que el público retome el hábito teatral?

Pusimos en funcionamiento la campaña “Volvamos a disfrutar”, con acciones de prensa y comunicaciones en las redes sociales. Estuvo focalizada en la seguridad, el crecimiento progresivo de la oferta y el público. El aforo no puede ser más del 30% de la capacidad de la sala. No es sustentable en términos económicos, pero nos permitió comenzar a recorrer el camino de generar el vínculo y el reencuentro con el público. Si esperábamos un aforo mayor, hubiera sido más costoso recuperar los vínculos emocionales con el público. A mayor tiempo, más espera para recuperar la dinámica. El protocolo del teatro es uno de los más estrictos que se instalaron en el país. Actualmente, en el Paseo La Plaza hay ocho espectáculos en cartel y otros 12 en el Teatro Metropolitan Sura. Se genera trabajo, a pesar de las ecuaciones económicas complejas. Cuando el aforo crezca, se podrán estrenar otros espectáculos que no lo pueden hacer ahora porque tienen una estructura de costos mayor.

Buenos Aires siempre se caracterizó por el fuego de la creación teatral. Pero actualmente muchas salas tuvieron que cerrar. ¿Cómo pensás que impactará eso en una de las grandes capitales del teatro?

Definitivamente, el impacto será negativo. En el Met, como en ocasiones en La Plaza, armamos plataformas en la que ciertos proyectos generado desde el off puedan tener una ventana de más visibilidad y aspirar a convocar a un público más amplio. Comenzamos con el ciclo Verano off en el Met y lo hicimos en su momento en La Plaza con La omisión de la familia Coleman. A ellos los favorece porque pueden alcanzar a un público más masivo; sabemos que muchos del off no pueden abrir porque no logran adecuar sus instalaciones. Y nosotros logramos diversificar nuestra oferta programática. No nos enfocamos en la diferenciación de los circuitos teatrales, sino en el contenido, en el equipo de trabajo y en lograr hacer sintonía.

«Lo escucho», una de las obras que se estrenaron luego de la repaertura de salas.

Hay varias obras que se dan en simultáneo por streaming y de forma presencial. ¿Es una modalidad que llegó para quedarse? ¿La toman como una alternativa de ingresos para las salas?

Por ahora, es una alternativa para ciertos grupos de interés, que por cuidado de salud, razones económicas u otros motivos no van al teatro. No replica la experiencia de volver a una sala, pero es una alternativa reformulada y, por ahora, experimental. Para poder sacar conclusiones sobre si será o no rentable, falta tiempo. Si lo es en el futuro, será como consecuencia de los testeos que realicemos ahora. Si confiamos en recuperar al público a través del streaming, aunque sean diez, cien o mil personas. Hoy nos parece valioso en términos de vinculación con el público. No sabemos si será sustentable porque, además, producir audiovisual implica otros costos. La ventana dual nos permite el vínculo cercano y emocional con el público.

La experiencia teatral está modificada por el entorno. Puedo ver una obra fantástica, pero si estoy sentado en una silla incómoda probablemente no la disfrute o mi recuerdo sea un dolor de espaldas y no lo que vi. ¿Cómo reacciona el público al hecho de ver una obra con el barbijo puesto? En definitiva, es algo que “intermedia” entre ellos y lo que ocurre en el escenario?

No hemos tenido casos de gente que no cumple o que se resiste a usarlo. Logramos instalar el concepto de cuidados compartidos. En general, las devoluciones fueron positivas porque los que regresan al teatro es porque quieren ir. Y se sienten agradecidos. Hay una empatía interesante -y solidaria- entre los públicos por volver al teatro después de tantos meses. Cuando suena el mensaje de bienvenida antes de la función, suelen reaccionar con aplausos. Si la obra genera interés, la gente ríe, comenta y se emociona, aunque no se puedan ver las caras. Pero están todos ahí.